
El gobierno del presidente Javier Milei enfrenta uno de sus momentos más complicados: mientras los índices de confianza en el gobierno retroceden, los niveles de desaprobación alcanzan su pico histórico (1).
Entre las causas que explican esta situación se destacan dos en particular: la persistencia de la inflación y los escándalos de corrupción. Además, los niveles de empleo siguen encendiendo alarmas, mientras la clase media con trabajo a duras penas “sobrevive”.
Para evitar caer en la pobreza, cada trabajador de la clase media se ve obligado a contar con múltiples empleos en simultáneo, fenómeno cada vez más común que tiene nombre propio: el fenómeno del pluriempleo (2).
La corrupción, por su parte, se ha instalado una vez más como tema de discusión. Los escándalos en torno al ex jefe de Gabinete de ministros, Manuel Adorni, han puesto seriamente en duda la transparencia y credibilidad de la gestión. Más grave aún, esos sucesos no han hecho más que cuestionar el núcleo de la propuesta de gobierno. Me refiero a aquella referida a la lucha contra “los privilegios de la casta”.
Entrando al terreno de la economía, la estrategia de concentrar esfuerzos y recursos en el combate a la inflación parecería, como mínimo, no alcanzar. La licuación de ingresos y salarios combinada con la poda deliberada de ministerios y programas ha generado un enfriamiento de la actividad económica, reduciendo los niveles de recaudación, lo que, su vez, obliga al gobierno a volver a ajustar una y otra vez.
Los analistas y observadores coinciden en señalar, en este sentido, que el crecimiento de la economía por sí solo no generará un aumento de la recaudación. Más bien, el crecimiento irá aparejado a una menor recaudación (3). Este escenario transcurre en medio de una crisis internacional que avizora menores márgenes de crecimiento y mayor inflación en todo el mundo.
Dado este panorama sobrevienen una serie de preguntas: ¿será capaz el gobierno de llevar adelante su programa económico hasta el final? ¿con qué obstáculos se enfrentará?
Victoria electoral, optimismo y “empantanamiento”
Tras la victoria electoral de octubre pasado, el gobierno ingresó en una fase caracterizada por una menor tensión y un mayor optimismo. Con su sorpresiva victoria logró principalmente dos cosas: primero, estabilizar el mercado de cambios que se había alterado fuertemente en los meses previos a la elección y, segundo, revertir su andar en el Legislativo donde anteriormente había sufrido grandes traspiés.
Con la asistencia de Estados Unidos y un renovado apoyo, el gobierno convenció a los inversores y agentes de bolsa de que su permanencia en el poder no corría peligro alguno. Todo lo contrario: con el reciente apoyo en las urnas, el presidente Milei estaría en condiciones de llevar a cabo las reformas estructurales que, a falta de mayorías en la Asamblea, habían sido pospuestas hasta nuevo aviso.
La resonante y holgada victoria del oficialismo en la mayoría de las provincias motivó a plantear de manera entusiasta una nueva agenda legislativa. Esa agenda se materializó tempranamente en el período de Sesiones Extraordinarias, donde el gobierno logró algo inédito: sancionar 5 leyes insignia con la ayuda de sus aliados.
Sin embargo, la actividad del Congreso se ha ralentizado fuertemente en los últimos meses. Como se mencionó, los escándalos de corrupción que involucraron durante meses a la mano derecha de Milei, Manuel Adorni, empantanaron los consensos que ya existían.
En ese contexto, hacer política se torna cada vez más complicado, sobre todo si el presidente y los funcionarios más importantes no son capaces de tomar distancia de los problemas más acuciantes, en este caso, la corrupción y sus secuelas.
Recientemente, además, se produjo un fuerte cisma en los círculos de poder. Las internas entre el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, y el asesor presidencial, Santiago Caputo, denotan la debilidad y precariedad de la estructura de mando.
Se trata de una estructura o esquema muy poco institucionalizado sin procedimientos claros y definidos de resolución de conflictos y controversias, sin autonomía ministerial suficiente, sin cuadros con experiencia (o con cuadros “alquilados” a otros partidos) y con una excesiva centralización y concentración del poder a manos del presidente y unas pocas personas a su alrededor.
Esa estructura tiene una de sus mayores debilidades en el partido de gobierno, un “espacio político” que difícilmente podría ser considerado un partido político en otras latitudes.
De modo que, para resumir, no solo existe un problema de liderazgo de quienes gobiernan, sino también un problema de instituciones que dificulta el proceso (fluido, transparente y robusto) de toma de decisiones.
Conclusión: se acerca el tramo final de la gestión
A los problemas de falta de credibilidad, transparencia y resultados tangibles (en temas como inflación, empleo y actividad), se suma la dificultad del gobierno para forjar coaliciones estables con los partidos políticos como protagonistas. Esos son las causas que explicarían, desde mi punto de vista, la lentitud para avanzar la agenda de reformas una ronda más.
Si bien es cierto que la inflación es actualmente mucho más baja que la registrada hacia fines del gobierno pasado, la realidad es que esta se ha amesetado desde hace aproximadamente un año. Analistas económicos afirman que difícilmente pueda perforar de manera equívoca el 2% mensual en el corto plazo.
Así las cosas, el gobierno cae sistemática en las encuestas, reflejando la inconformidad de los ciudadanos con la marcha de la economía. Que la oposición no sea capaz de organizarse y mostrarse como alternativa permite al gobierno ganar tiempo y redirigir su estrategia.
Así que, partiendo de esa premisa, los libertarios harían bien en renovar sus esfuerzos por continuar la senda de reformas iniciada en 2024. En esa línea, las propuestas de modificación de la Carta Orgánica del Banco Central (sin trámite aún) y la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada (con un tratamiento fallido en el Senado por falta de quorum) son excelentes puntapiés para reactivar la discusión parlamentaria (4).
Transcurrido ese plazo, será ya momento de hablar de candidaturas y los actores más importantes entrarán en “modo espera”, un escenario normalmente volátil donde quienes arriesgan son muy pocos y las decisiones importantes se aplazan a la espera de un futuro mejor.
De modo que el calendario electoral con las elecciones presidenciales de 2027 como gran cita no deja margen para dudas: en estos seis meses del segundo semestre del año 2026 se define en buena medida la suerte y permanencia del gobierno en el poder.
- Según la consultora en opinión pública Management & Fit: https://www.perfil.com/noticias/politica/encuesta-milei-toca-su-peor-desaprobacion-desde-que-asumio-y-una-mayoria-votaria-por-un-cambio-de-gobierno.phtml. Hay otras consultoras que registran un pequeño repunte en el mes de junio pero en un contexto marcado por varios meses de caída ↩︎
- Especialistas advierten sobre una creciente informalidad y precarización laboral desde el año 2023. Un reciente estudio de la UCA pone la lupa sobre este proceso: https://www.mdzol.com/dinero/la-precarizacion-laboral-avanza-no-sube-el-desempleo-pero-se-trabaja-peores-condiciones-n1561271 ↩︎
- Una visión opuesta a la del gobierno libertario: https://www.eleco.com.ar/politica/se-agota-la-motosierra-el-gobierno-nacional-busca-sostener-el-superavit-con-mayor-recaudacion ↩︎
- El debate legislativo se reanudó hace un par de meses con la Ley Hojarasca y la reforma a la Ley de Zonas Frías, dos normas que, aunque importantes para los libertarios, en modo alguno podrían ser consideradas prioritarias para el país ↩︎
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